WikiLeaks, kickin’ it trucha style

14 diciembre, 2010 § Deja un comentario


Sí, yo sé que estamos gastando el tema de WikiLeaks, pero no hay que negarse a las cuestiones que nos ocupan.

No he leído casi ninguno de los documentos que ha publicado WikiLeaks. He visto videos y artículos sobre el contenido específico que ha salido, pero sobretodo he escuchado el ruido de este pequeño acontecimiento. A veces siento ganas de discutir con todas las personas que salen en videos y noticias argumentando que se trata de algo demasiado peligroso. El problema es que no conozco a ninguna. Son esos personajes misteriosos y distantes que conforman el mundo del otro lado de la pantalla. En este caso, los dueños encorbatados de los secretos o los gringos mundanos que están siendo enterrados bajo la avalancha de panfletos conservadores provocada por este fenómeno.

Tengo ganas de gritar las cosas como son, pero no las conozco bien y tú, mi querido lector, probablemente estás de acuerdo conmigo por razones que no logro escribir de un modo elegante. El hecho es que, en nuestro caso, la pantalla es más bien una ventana que nos ahorra un par de calles. Los dueños de Master Card están muy lejos de leer estas páginas. Supuesta la situación más radical, eres de los que creen que WikiLeaks no es tan significativo porque la mayoría de las cosas que salieron son chismes flojos. Sin embargo, aunque estemos de acuerdo y fallemos al momento de dar con todos los matices, no creo que sobre repetir lo mismo.

Lo primero es reiterar la indignación que nos produce el modo en que Assange y WikiLeaks han sido desprestigiados. Hay que emputarnos de tanto escuchar argumentos sobre los riesgos de la información. Puede que nos dé más rabia escuchar las acusaciones de terrorismo, pero son abiertamente irracionales y merecen menos indignación que el argumento pseudo-razonable que nos habla de la seguridad nacional. El discursito ése parece suponer que WikiLeaks tiene los planos de la Estrella de la Muerte y que sólo es cuestión de tiempo antes de que algún loco decida botar una bomba por la frágil tubería. No, si algo puede salir en WikiLeaks es el tipo de suciedad que debe conocerse; que el imperio es un imperio, que buena parte de las cosas que nos dicen a diario son pura mierda. Los secretos políticos esconden muy poca información peligrosa (como el punto en el que un torpedo lo podría destruir todo) y demasiada información inmoral. Habrá algún caso en el que se revela que cierta persona es un tetra-espía y aunque se cambien los nombres, la persona en cuestión quedará expuesta. Pero no nos pueden argumentar que es peligroso destapar todas las porquerías porque los que hacen el trabajo sucio correrán más riesgo. Sin mencionar que los afganos e iraquíes ya saben que el ejército gringo hace porquerías. Son precisamente aquellos que ni siquiera pueden amenazar las famosas vidas los que deben enterarse.

Cuando se trata de cuestiones individuales estoy de acuerdo con que cierto grado de hipocresía nos conviene. Hay chismes de borracheras, comentarios desafortunados y amoríos secretos que dificultan nuestra convivencia. Por otro lado, las políticas internacionales tienen repercusiones demasiado significativas. Que tal gobierno apoyó una dictadura, que cierta elección fue un fraude, que las crisis económicas son el resultado de decisiones irresponsables: ése tipo de cosas deben tener un registro más allá de nuestras lógicas sospechas. Todas las verdades en nuestra vida cotidiana podrían hacer más dura nuestra convivencia, pero todos los secretos grandes nos han llevado como ganado al hueco en el que estamos. Es tan sencillo como decir que nos va relativamente bien siendo amigos y terriblemente mal siendo naciones. No nos vengan entonces con que la información de WikiLeaks puede ocasionar guerras; es la hipocresía política la que ha generado ese riesgo.

WikiLeaks tiene el potencial de mostrar la voz de los que no tienen voz. Y la muestra irónicamente escondida en el discurso oficial y secreto de los que dicen cosas distintas cuando hablan entre sí. Perdonen que me emocione, pero siento que WikiLeaks puede hacerle al statu quo lo mismo que Napster le hizo a Tower Records. Si me equivoco, luego le pondré un tag de nostalgia a este post. Pero si no…

 

 

Qué viva la piratería

1 diciembre, 2010 § Deja un comentario


#Yo confieso que Metallica fue mi grupo favorito por un período larguísimo de tiempo. Habrá otra ocasión para discutir los aspectos positivos, negativos, vergonzosos y grandiosos de este grupo que es más y menos de lo que todos piensan. Hoy lo menciono a manera de introducción en un capítulo de los Simpson, porque el verdadero problema es la piratería que sólo llegué a disfrutar tardíamente. Cuando mis nietos me pregunten si bajé canciones de Napster, esconderé mi cara por no haber estado en aquel San Crispín. Como saben, Ulrich, el insufrible baterista, decidió correr hacia un muro acompañado por gente como yo y sólo me uní a esta encomiable lucha a la altura de Kazaa.

Es probable que el lector ya esté acostumbrado a descargar ilegalmente, pero la batalla todavía no ha terminado y no sobra argumentar a favor de este cambio. Hulu está restringido a los Estados Unidos y asimismo hay un millón de cosas que no están “disponibles en su país”. Ni se hable de todo lo que es muy difícil o imposible de encontrar porque con ello se vislumbra lo que podríamos tener: todo, absolutamente todo lo que esté hecho para ser distribuido, gratis y fácil de conseguir desde cualquier lugar.

Básicamente, esta guerra se pelea en cuatro frentes: música, películas, video juegos y libros. Los primeros dos los podemos desechar con relativa facilidad. Si Avatar fue tan ridículamente rentable siendo además ridículamente cara es porque a la industria le importa muy poco lo que ocurre después de que las películas salen de cartelera. Avatar es también un gran ejemplo en tanto que ilustra la diferencia entre ir a cine y comprar un video pirata en la calle. Qué patético debió haber sido ver una película que se concentra casi exclusivamente en aspectos visuales, mal grabada y con sombras de gente que se para para ir a baño. El que quería y podía verla, la vio en cine, luego por ahí no se pueden quejar. ¿Y qué pasa con las películas de bajo presupuesto? También salen ganando precisamente porque no tenían los medios para lograr difusión. Les tengo un caso concreto, Man from Earth es una película que alcanzó a costar algo de dinero y que le está agradeciendo ahora mismo a todos los piratas por la difusión que realizaron.

La música, por su parte, ha sido el campo en donde más impacto se ha visto. Salvo las canciones que escribió Metallica en Saint Anger, me atrevería a decir que ese impacto ha sido únicamente positivo. Tower Records se fue al carajo, pero eso no es grave, es natural. No extraño a los intermediarios, sobre todo los mezquinos y obsoletos que tiene la industria del entretenimiento. Los artistas, que sí nos importan, están muy bien, gracias. Hacen más giras porque saben que ahí está la plata y por eso es que Colombia ha tenido más conciertos significativos en los últimos cinco años que en todo el siglo pasado. No creo que la música haya subido o bajado de calidad, pero sí ha sido posible que más cosas se dieran a conocer.

En cuanto a los videojuegos, confieso que no estoy particularmente enterado sobre tema. Pero me leí un artículo espléndido antes de escribir este texto. El punto, básicamente, es que gracias a la piratería la industria de los videojuegos es ahora más grande que la cinematográfica. No ha sufrido un solo golpe en los veinticinco años de piratería metódica que ha habido y en cambio le tiene que agradecer toda la difusión, la conservación de juegos olvidados y el cuidado a los legados que brindan los piratas.

Son los libros los que me preocupan. No me parece injusto que los músicos se ganen la vida haciendo conciertos, pero sí es ingenuo suponer que todos los escritures se pueden volver conferencistas para compensar la falta de ingresos que generan sus obras. Seguiré comprando libros hasta que no encuentre un buen argumento a favor de compartir el trabajo de años que ha hecho otra persona. Eso sí, creo que el problema está por el lado del capitalismo. La gente hace lo que quiere hacer porque lo quiere hacer. Lo que necesitamos es encontrar una manera para que tengan el tiempo de hacerlo.

Pasemos ahora a cuestiones más generales. Primero que todo, la piratería no es robo. Cuando algo se roba, alguien lo pierde. Lo que hacemos es compartir y eso es precisamente lo adecuado si se trata de cosas que se multiplican. El conocimiento es para compartirlo porque nadie se vuelve estúpido cuando le cuenta una idea suya a otros; menos aún cuando le cuenta una idea de otro a otros. Y aquí me imagino que aparece la objeción de siempre, que sí hay alguien que pierde, que sí es un robo, no material, sino intelectual. Pero tampoco es el caso, porque el reconocimiento de la autoría no se pierde con la difusión del producto. El único cambio real es que hay menos cosas que se pueden vender, lo cual, curiosamente, no me parece tan malo. En segundo lugar, nótese que hablo de piratería en términos de archivos compartidos. Los vendedores en la calle también serán obsoletos, pero sí es cierto que son un caso más complejo. El criterio que aplico en con ellos es comprar sólo películas que no se consiguen y videojuegos. En todo caso creo que a la larga son irrelevantes. No fueron ni serán los que tumben algo.

Hay que aprender a adaptarnos. La belleza, por ejemplo, ha sido un bien gratuito desde el principio. La gente bonita no puede evitar, sin incurrir en tremendas incomodidades, que los demás disfruten de ese bien a cambio de nada. Salen a la calle y los vemos. Sin embargo, no sólo ha habido prostitución desde el mismo principio, también ha habido cosas que no son estrictamente eso. Desde los actores y figuras públicas que casualmente son bonitos, hasta la gente que por esa razón tiene amigos y pretendientes: sigue habiendo maneras de usar la belleza como un beneficio. El conocimiento y la creación van por la misma línea. Estoy diciendo, parcialmente, que aquellos que pueden ofrecer algo que ya no tiene precio pueden encontrar un modo de beneficiarse de eso mismo. Pero también quiero señalar lo contrario: si se puede hablar de prostitución, deberíamos pensar más bien en toda la basura que existe precisamente porque se puede vender. El problema no es la piratería sino que, para todo lo demás, exista MasterCard. Tiene que haber una manera. No tenemos por qué pasar hambre por ser creativos y tampoco tenemos que dejar de serlo para lograr cosas que se vendan.

Ese cambio, un mundo a lo John Lennon, se vislumbra acaso en el potencial que tiene el Internet en su totalidad. Por lo pronto, enfoquémonos en el objetivo más cercano: bases de datos gigantescas en las que se pueda compartir todo lo que hay para compartir. Pirateen sin remordimiento, hagan de ello una costumbre que termine por tumbar todos los obstáculos. ¿Y qué hacemos con los creadores? Tener un criterio responsable para ayudarlos cuando lo necesitan. Seguiré comprando los libros que pueda comprar, seguiré comprando algunos discos, juegos y películas que me gusten mucho, pero también seguiré pirateando todo lo demás, hasta que sea legal, hasta que el mundo entero se transforme. Puede que eso implique la caída de las editoriales y las disqueras, pero no será la caída del cine, de los videojuegos y mucho menos de la buena música o los buenos libros.

¿Dónde estoy?

Actualmente estás viendo los archivos para diciembre, 2010 en Press Play.