Lugares tetiados

20 julio, 2011 § Deja un comentario


La guerra contra los clichés se pierde todos los días. De inmediato aclaro que no me refiero a un proceso de decadencia cultural. No me verán escandalizado por el contenido de los medios de comunicación o haciendo un llamado al refinamiento. Lo que quiero decir es que, por la naturaleza misma de lo que llamamos lugares comunes, estamos destinados a ser desalojados.

Pensemos primero qué se necesita para que se dé un cliché. Una fórmula gastada, por supuesto, pero además alguien que la manifieste y otro que la reciba con desdén. El factor que todos recordamos como esencial en un cliché -que sea una fórmula muy usada- está íntimamente relacionado con la actitud propositiva y fallida del que profiere el cliché, y eso a veces se nos olvida. Decir “te amo” no es un cliché porque es como decir “tengo frío”. Decir “eres el aire que respiro” da para que el otro, o cualquier transeúnte, se cague de la risa. Ambas son formas de expresar afecto, pero la segunda no se contenta con esa manifestación; quiere lograrlo de una manera impactante. Y es precisamente esa actitud la que define la situación. Los clichés, en tanto generalizaciones sobre el mundo o metáforas institucionalizadas, tienen la pretensión fallida de ser impactantes, de ser una profunda revelación que aclara las cosas o una manera bellísima de presentar una idea. Para que una fórmula cualquiera sea un cliché es necesario que alguien no se sorprenda con ella. Se sigue que si todos los involucrados están felices con una sentencia, no se da el cliché.

Lo que encuentro problemático con esto es que los lugares comunes terminan desalojando a las personas que se fijan en ellos. Hay un punto en el que las ideas que nos gustaban aparecen en todas partes y lentamente nos comienzan a agotar. Al principio parece que nos marchamos felices en busca de verdades más profundas, menos vulgares. Pero tarde o temprano comienza a hacerse evidente que nunca podemos irnos del todo, sea porque los lugares no comunes son una ilusión momentánea o porque lo común es lo más valioso.

Esta reflexión podría tomar un camino que desemboque en una suerte de envidia. Afortunados los ingenuos pues aún no se dan cuenta de que sus grandes ideas ya han sido gastadas. Desgraciados los que están demasiado conscientes de este proceso porque incluso los rincones en los que se esconden, ostentan la amenaza de revelar, en un futuro, que también allí habita el cliché. Se puede evitar toda fórmula acerca del amor y la vida sólo para encontrarnos con que las fórmulas que desdeñan las fórmulas sobre el amor y la vida también se gastan. Pero no quiero llevar esta reflexión por aquel camino porque la ingenuidad no es una decisión consciente y para colmo es la actitud anti-ingenua de pseudo-sabios y pseudo-poetas la que nos metió en este lío. Abogar por la ingenuidad es una contradicción que sólo se sostiene momentáneamente porque suena impactante.

Lo que veo en la mayoría de las personas que viven clichés, conscientes y despreocupadas por ello, es que están cansadas de estar cansadas. Intentaron huir por un buen rato y se dieron cuenta de que el cliché siempre te alcanza y de que los lugares que quisieron abandonar son demasiado vitales como para perderlos. Entonces, cuando les rompen el corazón, dicen “me rompiste el corazón”, acaso porque los corazones sí parecen romperse y porque negarse a ello no es más que otro cliché. Esa ligereza, un punto medio con respecto a la ingenuidad, tiene algo de sabiduría. Admiro, por ejemplo, a las personas que pueden decir clichés aprovechando que todavía son impactantes para quien los escucha. A lo mejor así encuentran la posibilidad de decir lo indecible y se toman la cuestión con calma. Cuando menos, no se siente vigilados.

Lo cierto es que en medio de todo este mierdero hay una técnica que todavía me parece maravillosa. Se trata de la reconquista del lugar común. Como ocurre esas veces en que le damos tantas vueltas a un cliché que le encontramos una novedad escondida, la técnica consiste en ganarnos el derecho de afirmar un lugar común, a punta de resignificar todos los términos. Piénsese por caso en una conversación larguísima que concluya con que el dinero no lo es todo, o que las mujeres son las de la intuición. La filosofía y el arte viven de estas pequeñas luchas. Discuten cosas obvias o trilladas con un grado de profundidad tal que logran revelar un matiz imposible de comunicar sin repetir todo el proceso. Habíamos dicho que la guerra contra el cliché se pierde todos los días, y es cierto, pero son hermosas esas pequeñas victorias: el paréntesis durante el cual se puede sostener un cliché sin que suene a viejo. Les diría que afrontemos nuestro heroico destino de guerrilleros del pensamiento, pero qué boleta.

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Cosas de locos

20 julio, 2011 § Deja un comentario


Los baches aparecen en cualquier lado. La última vez que escribí, como se ve, estaba en Japón. Allá inicié un borrador sobre el viaje que no ha sido terminado. Lo curioso es que, cuando volví, pensé que lo primero que debía hacer era continuar con el tema de mi viaje, y, como no quería hablar más al respecto, se congeló mi blog. Me daba pereza continuar con Japón y me daba cagada desordenar el blog, luego decidí inconscientemente abandonarlo. Mirá vos.

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