De cómo ganar el tiempo

10 abril, 2011 § 4 comentarios


A pesar de que nadie parece tener tiempo para nada, existe un número asombroso de actividades ridículas que la gente practica por puro amor. El que se ponga a buscar en Youtube talentos extraños, encontrará un sin fin de comunidades y prácticas que no sólo lo impresionarán; también le parecerán de lo más gracioso. Hay gente que se dedica a saltar en pogo sticks, otros que son maestros tocando el arpa de boca, otros que pasan su vida jugando tetris y otros muchos, muchísimos, que hacen cosas que no nos interesan y que nunca haremos. ¿Qué distingue a estas actividades de aquellas, igual de absurdas, qué sí aprobamos? No es que tenga mucho sentido patear un balón, o tocar un instrumento, o deslizarnos con ruedas por una rampa. Nos divertimos haciendo esas cosas, sí, pero cómo gozan los bobos que se ponen a armar una y otra vez el cubo Rubik.

Si tuviera que señalar los criterios que empleamos para aceptar ciertas prácticas y tildar otras de inútiles, siendo que la utilidad no sirve para nada, diría que todo se reduce a cuestiones de popularidad, entretenimiento para el espectador y acaso la posibilidad de que imaginemos con facilidad esa diversión. Todos esos elementos ponen en evidencia que necesitamos un empujón externo para dejarnos llevar por la curiosidad. El prospecto de nuevas pasiones no es suficiente; hace falta aprobación y la seguridad de que nuestra rutina no se verá alterada. Vengo a invitarlos a que superemos la pereza que nos restringe a las prácticas más comunes y aceptadas. Está muy bien leer, meterse a Facebook y jugar fútbol, pero ¿quién puede decir que ya no se aburre nunca?, ¿quién que no quiere conocer nuevos mundos y refrescar la motivación que a veces se apaga cuando nos cansamos de una misma cosa? Es cierto que hay actividades que no son para uno. Creo, sin embargo, que son muchas menos de las que suponemos. Algunas pueden verse ridículas, parecer aburridísimas y para colmo ser solitarias, pero no sobra darles el beneficio de la duda porque somos particularmente buenos distrayéndonos y hemos logrado diseñar actividades que hacen que la vida misma sea una ocasión feliz para distraerse. No olvidemos que las cosas serias, como ponerse una corbata, son juegos congelados; que todas las cosas de moda también fueron y son ridículas; y que la gracia está en descubrir nuevas razones para levantarnos por las mañanas. Usted ya tendrá las suyas, pero, ¿no le parece emocionante el prospecto de encontrar otras más?

Pienso entonces que a todo el mundo le vendría de maravilla tener más hobbies. Nuestra capacidad de encontrar el encanto de las pequeñas cosas no deja de ser fascinante y los juegos, además, son particularmente bellos porque hacen explícito el goce de lo arbitrario y lo absurdo. Que alguien pueda gastar años enteros tejiendo, haciendo modelos en madera, jugando World of Warcraft, explica, en parte y a la larga, nuestra disposición para enamorarnos del cine, la literatura y todas esas cosas que no tienen nada que ver con sobrevivir.

Ahora bien, da la casualidad de que precisamente estoy pensando en una recomendación particular. Jueguen go. ¿Que qué es eso? Es mi pasión geek. ¿Que igual necesitan una reseña? Bueno, es un juego de mesa Chino, parecido, aunque poco, al ajedrez. Es decir que es un juego estratégico, que no tiene cartas, ni dados, ni dungeon master, pero sí turnos. Dos jugadores ubican discos blancos y negros sobre un tablero cuadriculado y el que mejor pone los suyos, gana. No voy a gastar lo que queda de texto explicando las reglas porque, si llegaron hasta este párrafo, ya lograron superar algo de la pereza y estoy seguro de que usarán este link que los llevará a Wikipedia. Sí diré, en cambio, que es bellísimo, sencillísimo, hipnótico, que es el juego más antiguo del mundo y que es mejor que el ajedrez en todos los sentidos en los que el ajedrez es grandioso. Con suerte, dedicarán felices horas resolviendo el problema de cómo poner cada pepita mejor. Si necesitan un empujón, los sábados me reúno en la Casa de la Historia con otra gente rara para jugar y enseñar. Están bienvenidos.

 

 

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