Sobre revoluciones o el juego de pensarlas

15 marzo, 2011 § Deja un comentario


¿Sabe usted qué es el movimiento Zeitgeist? En serio: ¿lo sabe? Porque no tengo ni idea de qué tan popular realmente es y me debato entre hacer una breve introducción o saltar directamente al tema. Diré, con un link de por medio, que Zeitgeist tiene tres películas, dos facetas y una curiosa historia. Por un lado, es una crítica metódica a la sociedad actual. Analizan el sistema monetario, los paradigmas religiosos, nuestro esquema pseudo político y los destruyen todos. Por el otro lado, Zeitgeist es la propuesta de un nuevo diseño social basado en el uso inteligente de los recursos planetarios. Argumentan, entre otras cosas, que los actuales avances tecnológicos permiten un modelo de sociedad que antes era inconcebible, que siempre ha sido deseable y que ahora, para colmo, es necesario. Aparentemente, un señor cualquiera hizo un documental en Internet, Zeitgeist, que se volvió muy popular. Otro señor había trabajado durante años en el diseño de un nuevo esquema social, El proyecto Venus, y cuando vio el documental y la fuerza que convocaba se comunicó con el primero para generar una alianza. De esa unión se desprendieron otras dos películas de Zeitgeist (Addendum y Moving forward) en las que el tono cambió por completo. Mientras que la primera es un documental con dejos de superteoría de conspiración, en las otras dos se conjuga la crítica con esa propuesta particular.

Para los que no hayan visto estas películas, les recomiendo enfáticamente que se pongan en ésas y los espero dentro de diez horas en el párrafo que sigue. Los espero en seis si se quieren saltar la saltable primera. (Yo la disfruté bastante, pero ahora le tengo pánico a su tendencia a exagerar). Para los que sí las han visto, les pido disculpas porque en todo caso me toca resumir las cuestiones centrales. Burdamente hablando, el argumento de Zeitgeist va así. La gran mayoría de problemas que tenemos son inherentes a un sistema que no tiene sentido en este punto; la corrupción es un fenómeno natural dentro del capitalismo; la deuda hace que se genere artificialmente la escasez y causa todo tipo de conflictos sociales. Gracias a los avances tecnológicos que tenemos ahora podemos concebir un sistema que sería obvio si fuera posible comenzar de ceros en un planeta nuevo. Como no es el caso, nos toca pensar en una transición y para ello debemos entender con claridad la naturaleza fallida de la sociedad que tenemos ahora. Entenderla a tal punto que aceptemos que no se trata de maquillar las fallas; que no se trata de dar limosna, ni de votar por alguien mejor. Se trata de aprovechar nuestra capacidad de generar abundancia para lograr un sistema en el podemos superar la instancia del trueque; esto es, un sistema sin propiedad privada en el que todos tendrían acceso a todo. Esto, por supuesto, incluye argumentos a favor de la ecología, la colaboración y en contra del consumismo, la desigualdad, la pseudo política, la pseudo democracia y cétera. Todo porque debemos dejar de aferrarnos a valores autodestructivos. Incluye también una respuesta a los contraargumentos previsibles. Para los que dicen que la gente es incapaz de vivir un modelo ideal, que siempre hay malos, argumentan que la naturaleza humana es la adaptación; que no hay naturaleza humana. Como vivimos en sistema de mierda, somos una mierda, pero eso se puede modificar. Para los que hablan de los beneficios de la competencia o los incentivos pecuniarios, reflexionan sobre nuestras motivaciones y rechazan las ideas que nos venden. Ante las acusaciones de ingenuidad, buscan el mayor rigor posible. Se desviven para sostener la viabilidad de las ideas que defienden.

La iniciativa llega tan lejos que en todo caso es muy difícil no dudar de las propuestas. Por ejemplo, quieren un sistema en el que no se “tomen” decisiones sino que se “llegue” a ellas, delegándole a las computadoras la función de analizar información para realizar ajustes administrativos. Mucha gente se alarma ante la perspectiva de automatizar el gobierno. Mucha gente se asusta con la sola palabra “automático”. Personalmente, me parece interesante considerar otras opciones dado que nuestro sistema está marcado por la corrupción, la ineptitud y los modelos autocráticos. El punto, sin embargo, es que el proyecto que defiende Zeitgeit es un cyberanarquismo radical y por mucho que se argumente, no es fácil simpatizar con esa idea en una sentada.

Por esto y otras razones, Zeitgeist es bastante controversial. Me dispongo a pensar en los problemas que puede tener, pero convengamos, por lo pronto, que vale la pena ver estas películas. Cada una tiene más de dos horas, luego no es algo que se diga a la ligera. Son sorprendentemente entretenidas y estoy convencido de que generan pensamiento. Es tan difícil sustentar o refutar la propuesta de Zeitgeist y dan tantas ganas de hacer alguna de las dos cosas, que todo el que las ve, sale hilando ideas.

Ahora, ¿le cree usted al movimiento Zeitgeist? Yo sí, pero reconozco que algunas cosas me incomodan y acepto que apruebo otras por una afinidad que no se puede exigir de los demás. La lista de problemas que se me ocurre es la siguiente.

  • Varias veces las películas de Zeitgeist adquieren un tono de manipulación digno de El secreto. Hacen dramatizaciones (!) y lo único peor que una dramatización, es eso mismo en medio de un documental que denuncia la manipulación de los discursos vigentes. Es demasiado sospechoso que recurran a esa estrategia.
  • La oda a la tecnología es conflictiva. A mí me entra fácil, pero tengo amigos que se ponen nerviosos cuando alguien insinúa que la tecnología nos puede hacer felices. Siendo justos, el argumento de Zeitgeist, más allá de afirmar que sólo podemos enfrentarnos tecnológicamente al problema de la escasez, sería que la tecnología nos libera de la esclavitud que nos impone la supervivencia; que ella misma no nos hace crecer espiritual, social y culturalmente pero sí es una herramienta que permite ese tipo de búsquedas. No deja de haber, sin embargo, cierto fetiche tecnológico. Parece que la educación ideal es la de científicos e inventores y que todo el mundo sería feliz con sistemas de transporte eficientes y ciudades circulares.
  • Los diseños urbanos de Zeitgeist insinúan una uniformidad desagradable. No hablo sólo de arquitectura. Entiendo que no pueden concebir las distintas manifestaciones culturales en una sociedad global y que se limitan a especificar las condiciones básicas. Aún así, esos datos ya dicen demasiado. Hablan de homogeneidad en tanto que el manejo de los espacios es algo prominentemente cultural.
  • Siempre es cuestionable el salto de las críticas a las propuestas. Se puede aceptar que la sociedad entera es una mierda y aún así quedarse pensando en perspectivas locales y no globales.
  • En términos teóricos hay un problema serio cuando se considera una solución propia de un esquema de desarrollo particular aplicada a todos los rincones del mundo. Da la sensación de que la gente de Zeitgeist son gringos que creen que todos son como ellos. Los de Zeitgeist luchan mucho contra esta percepción. Defienden la lógica de sus argumentos y señalan que lo que vemos es sólo la base y que nos corresponde a todos construir y vivir el imprevisible resto. En todo caso, vale la pena pensar este problema. Le agradezco a @marciana_ por señalarlo.
  • Asimismo, y un poco abarcando todo lo anterior, el discurso de Zeitgeist es absolutamente ilustrado. La gente que odia la idea de Sherlock Holmes puede cabriarse mucho con el racionalismo de Zeitgeist. (A mí me entra como un baso de agua).
  • En ningún momento se especifican las particularidades de la transición. Es obvio que sería ingenuo atreverse a predecir un acontecimiento. Acaso por eso se limitan a hablar tan sólo de protestas pacíficas. Está bien que la única claridad sea que esto no lo vamos a lograr con armas. Pero aún si suponemos que todos nos pondremos de acuerdo en tumbar al sistema monetario y aún si creemos que todo el sistema que proponen es viable, que no necesitamos leyes, ni prisiones, ni políticos; aún así, es de suma importancia concebir un modelo específico de transición. ¿Quién manda mientras tanto y cómo hacemos para no matarnos antes de que logremos cambiar nuestros valores?
  • ¿Qué tan viable es todo lo que dicen? No se puede descartar por completo la idea de que nos mienten a punta de exagerar. La mayoría de las dudas que puede tener el público de Zeitgeist son fácticas porque el proyecto tiene un aire caricaturesco de futuro perfecto.

En últimas, todas las dudas se recogen en una. A pesar de que se empeñan en ser claros y metódicos, es incómodo notar que hacen ver como fáciles cosas que pueden ser muy complejas. A veces siento que tiene que haber un hueco filosófico gigantesco y que por principio yo debería ser moderado. Otras veces pienso que negarme al entusiasmo que me genera Zeitgeist para mantener el principio de la duda obedece tan sólo a un academicismo exacerbado. Como si, en el fondo, lo que no quiero es que aparezca alguien más informado e inteligente a decirme que soy un güevón.

Pero entre toda esa incertidumbre, sigo creyendo que deberían tomarse el grato trabajo de ver esas películas, aunque sea para luego para poner cara de informados e inteligentes.  Estoy seguro de que ustedes encontrarán sus propias preguntas y la verdad es que me molesta no poder profundizar en ninguno de estos temas. Lo cierto es que me dispuse a escribir un texto suicida; uno de esos artículos que pueden fallar porque los que no están enterados de la discusión no alcanzan a involucrarse con una reseña, y los que sí la conocen, se decepcionan por la falta de ideas. Espero que haya valido la pena, midiendo eso con la curiosidad y la energía que tengan para verse y pensar las tres películas. Luego discutimos.

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